Hay personalidades de los medios de comunicación que tienen que dar su punto de vista y desmotrar su trayectoria en el periodismo para aclarar cuestiones que se vuelven polémica y virales.
En medio de la creciente controversia que rodea a Guillermo Francella y su nueva película «Homo argentum», el periodista Eduardo Feinmann ha salido al cruce con una encendida defensa del actor, atacando con dureza a sus críticos y abriendo un nuevo capítulo en el debate sobre el financiamiento del cine nacional.
Sus declaraciones, cargadas de su característico estilo provocador, avivaron la llama de la discusión que divide al ambiente artístico.
Feinmann, desde su programa, no se anduvo con rodeos al calificar la polémica como una reacción desmedida contra Francella por el simple hecho de «pensar distinto».
El conductor argumentó que la ira de algunos colegas se debe a que Francella se atrevió a cuestionar la calidad de ciertos productos cinematográficos, una postura que él mismo respalda sin titubeos.
El punto central de la crítica de Feinmann, y por extensión de Francella, apunta al financiamiento estatal. Con un tono irónico, el periodista apuntó directamente a películas que, según su criterio, son un «bofe» y una «bosta» que el público debe «bancar» con sus impuestos.
En un dardo directo a Pablo Echarri, a quien tildó de «mediocre», Feinmann mencionó un caso específico:
«El Kiosco», una película que recibió fondos del INCAA pero, según cifras que manejó, tuvo una audiencia mínima. «Esta bosta le costó al erario público, a sus impuestos, al mío, al de todos, mucha guita. ¿Por qué, a santo de qué?», cuestionó el periodista.
Para Feinmann, el problema no es la existencia de un cine de autor, sino que este sea sostenido con dinero público sin un retorno de audiencia. «Si querés hacer un bofe… ponela de tu bolsillo», sentenció, defendiendo la idea de que los proyectos de baja convocatoria deben ser una inversión personal y no una carga para el Estado.
Escucha la palabra de Feinmann hablando sobre el éxito de la película de Francella y cuestionando con de todo a Echarri:
Este cruce de acusación y defensas pone de manifiesto una profunda grieta en el sector. Mientras que una facción, representada por Francella y Feinmann, cuestiona la rentabilidad y el contenido de cierto cine, otra, que incluye a Echarri y otros actores, defiende la función cultural del cine que no siempre debe ser rentable y su necesidad de apoyo estatal.
Lo que comenzó como un comentario aislado de un actor se ha transformado en una batalla ideológica sobre el futuro del cine argentino, su propósito y la responsabilidad de quienes lo crean y lo financiero.

