Un nuevo escándalo sacude al gobierno de Alberto Fernández (el «gordo beto», para los amigos). En las últimas horas comenzó a circular la información de que Sanidad autorizó la entrada sin ningún control de 500 personas provenientes de África, epicentro de la nueva variante de COVID Ómicron.
La confusión se generó cuándo dos empleados de Sanidad, que para resguardar su identidad llamaremos Ñoqui 1 y Ñoqui 2, estaban controlando el arribo de un crucero proveniente de Cabo Verde, un país ubicado en un archipiélago situado en el norte de África.
El Ñoqui 1 presuntamente no habría terminado la secundaria, por lo que le preguntó al Ñoqui 2 dónde quedaba Cabo Verde, a lo cual éste respondió «Creo que está en Asia». Ninguno de los dos era muy listo, por lo cual no se les ocurrió verificar dicha información con sus celulares.
Por ende los 300 turistas y 170 empleados del crucero entraron al país sin ningún tipo de control. Al día siguiente, cuándo un tercer empleado de Sanidad se percató del error, ordenó hacer controles: al menos uno de los pasajeros tenía COVID, y quedó aislado junto con sus contactos estrechos.
Aún no se sabe a qué variante corresponde ese pasajero, ni se ha ubicado al medio centenar de pasajeros restantes que se presupone que podrían tener COVID (por haber estado en contacto con el enfermo).
Recordemos que África es el epicentro de la nueva variante Ómicron, la peor de todas, y que ha provocado la vuelta a la pandemia de varios países europeos. En estos momentos el gobierno cruza los dedos para que el COVID que dejaron entrar los Ñoquis 1 y 2 no sea de ésta variante.
¿Pero por qué sucedió esto? La causa es una costumbre peronista ancestral llamada nepotismo, el acto de llenar el estado con familiares y amigos no preparados para sus cargos. Ésta costumbre abarca todos los ámbitos públicos: desde intendente que mete a sus 5 sobrinos en una municipalidad, hasta Nestor Kirchner poniendo a su mujer en la presidencia.
Sim embargo ésta costumbre resulta sumamente problemática para el desarrollo del país, ya que los ñoquis en muchos casos no han terminado la secundaria y no sólo le causan un enorme gasto al Estado, si no que desarrollan sus tareas de forma mediocre.
Mientras tanto, gente más preparada se queda sin trabajo y -tras fracasar buscando en el sector privado, que se encuentra en recesión- termina migrando a otro país dónde la situación económica sea más favorable.
De momento ni Alberto Fernández ni nadie del gobierno se ha declarado al respecto, aunque se espera que la portavoza Gabriela Cerruti hable en las próximas horas.
¿Qué medidas tomará el gobierno? ¿Echarán a Ñoqui 1 y Ñoqui 2? ¿Cerrará todo nuevamente para evitar la propagación de la variante Ómicron? ¿Entregará un nuevo IFE de 50 dólares?
Muy pronto conoceremos las respuestas a esos interrogantes, pero algo es seguro: los argentinos nunca nos aburrimos ni perdemos nuestra capacidad de asombro.

