La vergüenza que pasó Brancatelli con la tribuna de Mirtha Legrand

Cuando Mirtha Legrand hace sus programas desde Mar del Plata tiene la costumbre de salir a la terraza del hotel Costa Galana para saludar al público que se aglutina en gran cantidad para ver a la diva de los almuerzos y a sus invitados.

La muchedumbre va con carteles, cámaras de fotos y celulares para no perderse ninguna instancia del momento más alto del programa, esto es cuando Mirtha toma contacto directo con su público.

Y el domingo pasado, Mirtha Legrand cumplió con el ritual y con su gente y salió a saludar y nombrar uno por uno a los invitados de ese mediodía.

Todo era algarabía entre la gente, que estaba en el Costa Galana ansiosa, por no perderse nada, y la diva de los almuerzos.

Entonces Mirtha Legrand comenzó a nombrar a sus invitados del día y dijo «Bueno, ¿como están chicos? ¿Bien? Les voy a presentar a mis invitados. A ver los aplausos, la señora Araceli González». Y la gente gritó «Biennnnnn», mientras aplaudía.

Luego Mirtha dijo «La señora, Fátima Flores», y otra vez el público decía «Biennnnn» y aplaudía.

Llego el momento de presentar al periodista más ultra K de la televisión argentina y Mirtha dijo «El señor, Diego Brancatelli», y la gente dejó de aplaudir y gritó «Huuuuuuuuu».

Las cámaras mostraron el momento en que Diego Brancatelli recibía el «Huuuuu» generalizado del público y el periodista se reía y hacía con las manos un gesto de «sube y baja», como queriendo indicar que había gente que lo admiraba y gente que no.

Recibir el abucheo generalizado de la gente cuando se lo nombra, es el precio que Diego Brancatelli debe pagar por ser extremadamente Kirchnerista, y por defender a «compañeros» que están sospechados de haber cometido actos de corrupción, asociación ilícita, extorsión, y demás delitos.

La gente es espontanea y nadie les ordenó que abuchearan a Diego Brancatelli, sino que les nació de adentro y expresan el sentir de muchos argentinos que ven como algunos periodistas se convirtieron en verdaderos militantes, olvidando la función primordial del periodismo que es informar y opinar.