Hay un viejo refrán que reza que «los que se pelean se aman», y tal parece ser el caso de los candidatos Javier Miley y Myriam Bregman. Un video que recientemente se viralizó dio inicio a las especulaciones de miles de internautas, y desde aquí nos encargaremos de narrar ésta maravillosa historia.
Ella es de izquierda, él de derecha. Ella lee a Marx, él a Adam Smith. Ella quiere que todos trabajos la mitad de horas y cobremos el doble, él es realista. Ella adora lo público, sin embargo su corazón parece parece haber sido privatizado por el León libertario.
Todo habría comenzado en un debate del programa A Dos Voces, que bien podríamos renombrarlo como A Dos Goces. Mientras Javier se explayaba en un breve monólogo de 20 minutos sobre la casta política, Myriam lo obsevaba atentamente, con los mismos ojos con los que un kirchnerista mira a una caja fuerte.
El momento fue capturado por las cámaras de TN, y con una leve edición comenzó a viralizarse por las redes sociales. En tiempos de furia, dónde la política divide por igual a familia y amigos, ellos han sabido dejar sus diferencias de lado para que triunfe el amor.
Al igual que sucede con muchas feministas modernas, pese a que están rodeadas de miles de «aliades» (hombres dóciles que hacen de todo para poder mojar el bizcocho con una troska), al final terminan cayendo en brazos de un varón de verdad. La masculinidad le gana a la sumisión, y a la hora de la verdad la atracción no sabe de ideologías.
Aún no se sabe si fue su melena, su verborragia o las expresiones frenéticas propias de un adicto a la co cafeina… pero algo de Milei la atrajo, al punto de no poder disimularlo. Por su parte Milei también se mostró interesado, sin embargo -fiel a sus principios liberales- le habría exigido tener una relación abierta, en el que ambos puedan realizar transacciones cárnicas con terceros libremente.
¿Qué le deparará a ésta pareja en el futuro? Algunos usuarios en las redes ya especulan con un hijo con los ojos celestes de Javier y el cabello dorado de Myriam, tan superior que haría ver a Mirko cómo un mapuche. Sin embargo semejante suceso plantearía un sin fin de interrogantes:
¿A qué escuela iría, pública o privada? ¿A la hora de amar, usaría protección o abortaría de forma legal, segura y gratuita? ¿Haría una carrera universitaria para convertirse en alguien útil para la sociedad… o terminará trabajando en la Municipalidad? Hay más dudas que certezas.
Desde aquí le deseamos a la nueva pareja la mejor de las suertes, y esperamos que la relación pueda seguir creciendo sin importar lo que suceda en las elecciones del domingo.

