Cayó Espert

La tarde venía llena de promesas y encuestas amigas. En los sets, los elogios se repetían como un mantra y el operativo “victoria inevitable” parecía aceitado. Hasta que el clima cambió.

De golpe, entrevistas “reprogramadas”, llamadas sin respuesta y un silencio incómodo en los pasillos donde, hasta ayer, sobraba euforia. En el ecosistema oficialista, un gesto vale más que mil declaraciones: cuando el conductor que suele blindar a los suyos frena el aplauso, el temblor se vuelve público.

El primer síntoma se vio en la pantalla: Alejandro Fantino, el periodista oficial de Javier Milei, endureció el tono y puso condiciones. Pidió explicaciones al candidato libertario de Buenos Aires y, sin eufemismos, señaló que sin respuestas “no hay defensa posible”. En paralelo, la tropa política empezó a hablar bajito, con los eufemismos de ocasión: “ordenar la agenda”, “bajar el perfil”, “dejar que la Justicia actúe”. En criollo: la alfombra roja ya no está.

Para evitar que los narcos avancen más rápido que la libertad, el gobierno estudia bajar la candidatura de José Luis Espert. Se lo acusa de haber recibido dinero y beneficios del empresario de la blanca Federico “Fred” Machado —detenido y reclamado por la Justicia de Estados Unidos— en etapas previas de su carrera.

El expediente, impulsado por Juan Grabois, menciona vuelos, logística y hasta transferencias que la acusación asocia a ese entorno. En cuestión de horas reaparecieron registros de campaña y un video de 2019 en el que el propio Espert agradece a “Fred” por su apoyo. El candidato niega cualquier vínculo ilícito, habla de “operación sucia” y avisa que contraatacará en la Justicia.

Mientras tanto, en la Casa Rosada optaron por sostenerlo: el presidente Javier Milei salió a respaldarlo y a relativizar la acusación, incluso calificándola de “chimento”. Es decir: señales cruzadas entre voceros afines y la cúpula del poder. ¿Puede caerse su candidatura a legislador?

No hay automatismos legales: para inhabilitar a un postulante se requieren hechos probados y decisiones judiciales concretas. Pero la política suele moverse más rápido que los fallos.

Lo más probable es que se dé una salida “ordenada” dentro del espacio. Si mediciones relámpago confirman caída de intención de voto y aumento del rechazo blando, la coalición puede empujar una baja voluntaria para cortar sangría y “cuidar la marca”.

Por ahora, la apuesta oficial es resistir y “ganar tiempo” con respaldos públicos, mientras el ala mediática más cercana exige explicaciones. La pregunta que ordena todo —en cada bunker— es aritmética: si el costo Espert empieza a superar el beneficio Espert, la cinta de salida se activa sola.